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(Autor Gabriel Ordinas Marcé)
1. EL PUERTO DE SÓLLER
Empezamos este paseo frente al restaurante Marisol, que mantiene las características propias de una estación terminal ferroviaria y que fue diseñado como tal en el año 1913. Dejando a la derecha una primera línea de tiendas de recuerdos y otros establecimientos comerciales, tenemos que girar a la izquierda y pasear por el Moll de Fora, que fue construido entre 1930 y 1935 para ampliar y modernizar la Riba, la antigua dársena comercial donde los laúdes, los jabeques, los bergantines, los pailebotes y los barcos de vapor cargaban algarrobas, cítricos y otros productos del valle y los transportaban al levante peninsular o al sur francés. Desde aquí podemos subir a cualquiera de los barcos turísticos que realizan atractivas y bellas excursiones a distintos puntos de la costa norte de la isla: el torrente de Paréis, Sa Calobra, Tuent, la cala de Deia, Sa Foradada o Sant Elm.
Tenemos que seguir la línea del mar y pasar por el escar (varadero), donde se arreglan, pintan y restauran las naves y, seguidamente, por la lonja y el muelle de los pescadores.
Visitaremos a continuación el barrio de Santa Caterina, un típico núcleo de población marinera que permite completar nuestra comprensión de la vida de los pescadores. Empezamos la visita por la subida de la calle Santa Caterina, esquina con el camino del Cingle, donde los últimos establecimientos comerciales de la primera línea del puerto se alinean en los bajos de unos edificios de estilo modernista de las primeras décadas del siglo XX. Singularmente interesantes son las ménsulas que sostienen el balcón de El Pirata (Santa Caterina, 8) y que reproducen peces y un león, así como la fachada de Can Cardell (Santa Caterina, 18). Seguimos por la primera escalinata a mano izquierda, junto a una fuente pública, y nos adentramos en la calle San Ramón de Penyafort.
Al final de esta calle vislumbramos el oratorio del mismo nombre, flanqueado por dos cipreses. El oratorio de San Ramón de Penyafort, de estilo neoclásico, se construyó a mediados del siglo XVII merced a las aportaciones de los pescadores, cerca del lugar donde la leyenda sitúa la piedra desde la cual el santo titular emprendió el viaje hacia Barcelona. La fachada, muy sencilla, está cimentada y blanqueada con cal. Dispone de dos únicas aperturas definidas por el portal adintelado y la claraboya superior de cristales de colores. El interior consta de una sola nave de planta rectangular cerrada por una bóveda de cañón. Este edificio permaneció cerrado al culto desde el año 1936 y fue anexionado por el Ministerio de Marina. A raíz de la absorción, el retablo de la capilla mayor fue trasladado a la actual iglesia de San Ramón. El plan de reforma de la fachada marítima del Puerto prevé restaurar este oratorio.
Ahora tenemos que subir por la escalerilla contigua, girar a la izquierda por la calle Santa Apol.lònia, que enfila hacia el mirador de Santa Caterina, y esforzarnos por no perder de vista ninguno de los pequeños detalles y ornamentos que otorgan un carácter especial al barrio marinero. Subiremos por la recientemente restaurada calle Llevant, que enlaza con la calle Mallorca, hasta llegar a la plaza o mirador de Santa Caterina. Desde el mirador, al que suben los pescadores para observar el tiempo, se obtiene una bella vista hacia Tramuntana sobre el mar y los acantilados que flanquean la bocana del puerto. A poniente se levanta el antiguo oratorio de Santa Caterina, construido en el siglo XIII, que fue derribado por los piratas argelinos a los que capitaneaba Dragut en el año 1542 y reconstruido ocho años después Este oratorio gozó de una gran veneración a lo largo de la Edad Media y era el lugar de peregrinación más importante del valle de Sóller. Desde 1998 está siendo reconstruido. Perdura la portada de medio punto dovelada y una ventana redonda en el bloque que constituía la torre de defensa (s. XVI), así como la fachada absidal de la capilla con una ventana abocinada en forma de aspillera, y los pináculos y la espadaña de arco de medio punto que, a modo de campanario, acogía la campana. A la derecha del portal se ubica una cruz de piedra (1692) rematada por un Cristo esculpido por una cara, por el Santísimo por la otra y por una decoración floral en los extremos de los brazos. Pasado el portal encontramos la bóveda de cañón de la torre y, bajo la techumbre, la cisterna. Entrando al patio, a mano derecha queda la capilla (s. XVI) con restos arquitectónicos de épocas diversas. A continuación viene el pasillo que conduce al restaurante y ala sala del mirador, el nicho encastrado en el muro que acogía la imagen de Santa Caterina y el portal de medio punto de acceso al jardín.
Dejaremos el oratorio y el mirador y bajaremos hacia la izquierda por la calle Santa Caterina, echando una ojeada a la bahía y a los tejados del barrio marinero desde los jardines que hay a la derecha y el edificio modernista que queda justo a nuestras espaldas (Santa Caterina, 48). Poco después aparece Can Codony (Santa Caterina, 44), una residencia construida en el año 1908 por el patrono Antoni Vicens.
Dejamos a la izquierda Sa Posada de s’Artesà (Marina, 16), y un centenar de metros más adelante entramos en la calle Jaume Torrens, una vía peatonal que reúne un gran número de restaurantes, comercios y tiendas de comestibles, al fondo de la cual se encuentra la plaza Joan Miró. Tenemos que girar a la derecha y enfilar la calle Canonge Oliver, que nos conduce directamente a la iglesia parroquial de San Ramón de Penyafort pasando por la Casa del Mar (Canonge Oliver, 14). La construcción de la iglesia parroquial de San Ramón de Penyafort se inicio en el año 1938. En el lado izquierdo se levanta el campanario (1964), de planta cuadrada y que en el último tramo se transforma en octogonal. El templo es de una sola nave de planta rectangular y el techo está cubierto por un tejado de doble vertiente. A cada lado de la nave se abren las capillas rectangulares dedicadas a Jesús de Nazaret, a Santa Catalina de Alejandría, a la Virgen del Carmen, a San Ramón de Penyafort y a San Antonio de Viana. También se ubican allí el portal lateral y la sacristía.
Hay que destacar el pequeño retablo de Santa Caterina d'Alexandria, procedente de la capilla mayor del oratorio de Santa Caterina, que fue construido en el año 1574 por el carpintero Llucià Arbona y por el pintor Mateu López. Preside el retablo de madera de estilo renacentista la estatua bellamente policromada de Santa Caterina d'Alexandria. También se puede hablar del retablo de madera de la capilla de San Ramón de Penyafort, que procede de la capilla mayor del oratorio de San Ramón (s. XVII).
El presbiterio, en la capilla mayor, está presidido por una gran estatua del Santo Cristo de la Salud (s. XVIII) procedente de la capilla de las Hermanas de la Caridad de Sóller. La pila bautismal está situada a la derecha del presbiterio y a la izquierda se ve una gran caldera de cobre que antiguamente utilizaban los pescadores para teñir las redes de color marrón con corteza de pino y que hoy presta servicio como elemento decorativo.
A la salida de la iglesia parroquial tenemos que proseguir por la calle Canonge Oliver y, después de cruzar el torrente de la Figuera, girar a mano izquierda y subir por la escalinata que va a continuación de los establecimientos comerciales y que nos conduce a la propiedad de Es Port. La casa de la propiedad, hoy transformada en el hotel Es Port, conserva en buena parte el carácter y la prestancia típicas de los palacetes de la campiña mallorquina de los siglos XVII y XVIII. Frente a una explanada con un jardín frondoso y bien cuidado, se alza la torre de defensa, de planta cuadrada y techumbre de tejas a doble vertiente, que respondía a la necesidad de contar con una fortificación y un lugar de refugio para los residentes en caso de invasión. En su interior contiene una habitación que tiene bóveda de arista con una clave en la que figura el anagrama de Jesús y que debió de ser la primitiva capilla. Entramos en la vivienda (1614-1646) por una portada de medio punto después de atravesar un cancel donde se abre, a mano derecha, el establo para los animales de carga y de montar. A la izquierda del cancel se encuentra la capilla rectangular que se erigió en el año 1728. El retablo, estilo barroco, está presidido por la talla policromada de San José del Cap Gros, acabado en e1859. Al otro lado, en la parte inferior, se avistan los restos del antiguo faro del Bufador o de Sa Creu, que está situado a solo cuatro metros de la acera y que descansa sobre la bóveda de una cueva natural a la que se tiene el acceso desde el mar. El faro se construyó entre 1862 y 1864 a partir de un proyecto elaborado por el ingeniero Emili Pou y está situado a once metros sobre el nivel del mar. Cuando esta construcción dejó de ofrecer seguridad al farero, se edificó el actual faro de Sa Creu, radicado cerca del anterior, un poco encumbrado. Esta torre fue levantada entre 1928 y1930 pero no entró en funcionamiento hasta 1945; tiene forma troncocónica y alcanza una altura de trece metros. Continuando el paseo, llegamos a la plaza de la Torre, desde donde vislumbramos, a la derecha, una gran muralla de perfil redondeado. Se trata de los restos de la torre del Alcaid o Castell de Port, que fue construido entre 1543 y 1545 para evitar nuevas incursiones de piratas como la que el año anterior había originado la destrucción del oratorio de Santa Catalina. Actualmente la torre es de propiedad privada y se ha transformado parcialmente en una vivienda particular. En el dintel perdura un escudo de Sóller grabado en la dovela central, el más antiguo que se conoce (1545).
Podemos acabar el recorrido en esta plaza, donde el tranvía hace una parada.
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2. SÓLLER I (La calle Isabel II, el Centro de Cultura y la Iglesia parroquial)
Empezamos el recorrido por el lado oeste de la villa de Sóller en la estación de trenes, donde dejamos atrás dos placas que recuerdan el promotor del tren, Jeroni Estades, y al poeta de los naranjos de Sóller, Josep Llluís Pons i Gallarza. Rodeamos la plaza Espanya por la izquierda, mientras que a nuestra derecha llama la atención una singular oficina de información turística. Se trata de un furgón correo del año 1912 adaptado a las nuevas funciones. En este punto, que goza de inmejorables vistas de la iglesia y el campanario, enfilamos hacia la izquierda para seguir por una de las calles más populares de la ciudad, la calle Isabel II. Nuestra primera meta es la esquina de la calle Canals, (Canals, 1) donde se sitúa la posada de Ca s’Hereu, edificio barroco construido en torno a 1786, fecha que aparece en la ventana. La fachada nos ofrece además un magnífico portal de medio punto, de piedra, y unas singulares aperturas en el pórtico. Esta calle presenta otros muchos puntos de interés, como por ejemplo la casa natal de Guillem Colom Casasnoves, las tejas pintadas del nº. 25, las capillitasdel Via crucis, el palacete modernista de Can Mart (nº 29), o la posada de Monnàber (nº 37) donde nació el poeta Guillem Colom i Ferrà, hijo ilustre de la villa. En el nº 30 de la calle Isabel II se encuentra la casa de Cas Pué, que nos sirve de referencia para girar a la derecha y seguir las calles Bisbe Nadal – gran benefactor de Sóller -, Volta Piquera, Jesús y Can Tamany. En el nº 2 de esta calle se encuentra la posada de Can Tamany, de la cual destaca el portal. Giramos a la derecha por la calle Quadrado y, con la vista puesta en el Penyal des Migdia, rodearemos un casal (casa solariega) barroco ubicado en el nº. 9, Can Roses, con una interesante portada. De esta calle se hade mentar también la casa del nº. 18, localizada en una plazoleta. Dispone de un portal de medio punto y de una ventana con la fecha de 1744. El voladizo es de madera. Llegamos así a otra de las principales arterias de Sóller, la Gran Via. En la misma esquina con la calle Quadrado nos sorprende la Rectoría, antiguo edificio remodelado en 1896 que reclama nuestra atención por el portal, rematado por un escudo y coronado por un falso segundo piso. Merece la pena observar su interior. Disfrutamos ahora de un encantador paseo bajo los árboles de la Gran Via, calle donde se concentran buena parte de los casales modernistas de Sóller. Tenemos que prestar atención a los jardines de Can Canals (nº. 8), al casal de Can Dulce, centro de cultura popular, a Can Cremat, impresionante palacio levantado en el año 1920, además de a otros edificios singulares. Asimismo, prestamos especial atención a las numerosas obras de hierro de las balconadas y ventanas de las casas y de alguna fuente pública. Al final de la Gran Via llegamos a la plaza América, donde en el nº. 1 nos espera Can Cetre, uno de los mejores palacios modernistas de la villa. Destacan por encima de todo los techos de cerámica de la fábrica de la Roqueta.
A la derecha de la plaza América, la calle Cetre nos conduce a otro de los ejes viarios más importantes de Sóller, el que conducía al puerto y ahora llamado calle Mar, por donde volveremos al centro. Sin embargo, antes nos fijaremos en los edificios de la casa de Sa Diligència, s’Hostal, Can Canals, Can Puig y sobre todo el Museo de Cultura. De la casa de Sa Diligència (nº. 44) nos sorprenden los exteriores. En el nº. 33 tenemos que prestar atención a S’Hostal, interesante edificio del siglo XVI, restaurado recientemente. Uno de los mejores elementos de la fachada es el portal de medio punto. Ya al final de la calle Mar tenemos que hacer una visita obligada al Casal de Cultura (nº. 13). Entramos en el edificio por un portal de medio punto rematado por la fecha de 1740, probable fecha de construcción del edificio, así como por un escudo heráldico. Buena parte del casal está dedicada al museo etnológico, donde podemos encontrar maquinaria de imprenta, esculturas y tallas religiosas, colecciones de cerámicas, utensilios y herramientas del campo e incluso una cocina antigua con todos sus aparejos. Hay una sala dedicada a la arqueología y una capilla con bóveda de arista de dos tramos presidida por una talla policromada de San Antonio Abad. También hay una interesante colección de ex-votos.
Después de visitar el museo volvemos algunos pasos atrás por la calle Mar hasta el portal de medio punto del nº. 2, donde giraremos a la derecha por la calle Romaguera. Después de cruzar con cautela las vías del tranvía, esta calle nos dejará ante el mercado municipal cubierto (a la derecha). Merece la pena hacer aquí una incursión para poder adquirir algunos de los productos alimenticios que se cultivan en el valle. Desde la plaza del Mercado, cerca de un puente con vistas maravillosas, buscaremos la calle Vives, una antiquísima calle que aún conserva el empedrado y que nos llevará a la plaza Constitució, centro neurálgico de la villa y punto en el que se concentran un buen puñado de edificios de interés. Si nos gustan los detalles, a nuestra izquierda buscaremos una imagen de San Sebastián situada dentro de una hornacina. Entre los edificios de la plaza podrían destacar el Banco de Sóller, la Casa de la Vila o Can Bordils, pero sin duda el edificio másrepresentativo de la plaza y de todo el valle es la denominada catedral de la montaña, la Iglesia Parroquial de Sant Bartomeu. Antes de visitar la iglesia, echamos una ojeada al portal del Ayuntamiento situado en la calle Jeroni Estades, con el escudo de la villa y la fecha de 1733.
El templo parroquial que podemos contemplar hoy en día es el resultado de sucesivas fases constructivas que han ido dejando su huella en el edificio y que lo convierten en uno de los más singulares de la comarca. Haciendo un poco de historia, parece que podría haber sido fundada por el pavorde de Tarragona hacia 1236. En el siglo XIV presentaba un estado lastimoso y fue reconstruida durante el siglo siguiente. A lo largo del s. XVI, la constante inseguridad y los acontecimientos de 1561 forzaron el levantamiento de un pequeño fuerte amurallado que serviría de refugio a la población. La iglesia del s. XV perduró hasta el siglo XVII, cuando se derribó parte de la construcción románico-gotica, que fue sustituida por la barroca. Así se construyó un techo abovedado y la capilla del Roser, además de cambiar la orientación del templo. Finalmente, en el año 1904 se hicieron las últimas reformas de la iglesia para dotarla de un cariz modernista. Se siguieron los diseños del arquitecto Joan Rubió.
El edificio es de estilo barroco, con una única nave que supera los veinte metros de altura. El techo está dividido en siete tramos de crucero. En las claves de las bóvedas están representados San Bartolomé, la Virgen de Bonany, el escudo de Sóller, la Virgen de la Victoria, San Pedro y la Virgen de Alabastro. Detrás de la iglesia se encuentra lo que fue el antiguo cementerio de la Villa. Las capillas de la derecha están dedicadas al Bautismo, al Corazón de Jesús, a San Pedro, al Roser, a San Sebastián y a San Antonio. Por su parte, las capillas de la izquierda honran a las Almas, a la Virgen de los Dolores, a la Virgen del Carmen, al Nombre de Jesús a la Inmaculada Concepción, a San José y a San Juan Bautista. Al fondo se encuentra la capilla mayor, flanqueada por los retablos de San Gregorio Magno y la Sagrada Familia. Cerca de la capilla mayor se encuentra la sacristía.
La capilla del Bautismo es fruto de la reforma modernista. Su retablo es la antigua portada del templo barroco, obra del maestro Lluc Mesquida (1747). En la capilla del Corazón de Jesús, bendecida en el año 1913, destaca la talla del escultor Josep Llimona. Preside la capilla de San Pedro una imagen del mismo, obra del escultor Guillem Galmés, flaqueada por las estatuas de los santos médicos, Cosme y Damián. La capilla del Roser es la mayor de las capillas laterales. Tiene planta de cruz latina y bóveda de cañón. Se debe al maestro Lluc Mesquida y contiene diversas imágenes. El retablo pertenece al siglo XVIII y se distribuye en torno a la imagen de la titular, la Virgen del Roser. Las capillas de San Sebastián y San Antoniopertenecen al siglo XVIII, aunque la talla de San Antonio es obra de Guillem Galmés y data de principios del siglo XX. Entre estas dos capillas se abre el Portal de Arriba, portal barroco de mármol que proporciona acceso al antiguo camposanto.
El retablo de San Gregorio Magno, restaurado en 1937, está presidido por el susodicho. Destaca una escultura gótica de la Virgen mutilada por los moros en el año 1561. El otro retablo que rodea la capilla mayor está dedicado a la Sagrada Familia.
La Capilla mayor está presidida por un gran retablo barroco realizado por los maestros Lluc Mesquida y Damià Oliver, además de diversos escultores y pintores. La estatua de San Bartolomé es obra de Joan de la Concha (1738), mientras que la Virgen de Bonany pertenece al escultor Guillem Carbonell. El presbiterio fue realizado en el siglo XIX con mármol rojo y negro, y en la bóveda se puede observar el escudo de Sóller con la fecha de finalización del altar mayor, 1947.
La sacristía, concebida originariamente como lugar de refugio, contiene muchos objetos valiosos entre los cuales destaca una mesa gótica de San Bernardino.
En el lateral de la izquierda, la primera capilla es la de las Ánimas, fruto de la ampliación modernista. Contiene una talla del Santo Cristo utilizada para la representación del Descenso de la Cruz del Viernes Santo. Cerca de esta capilla se encuentra la cueva de Belén. La próxima capilla es la de la Virgen de los Dolores, con una talla del siglo XX. A los pies de la talla hay una Virgen de Alabastro, fechada en el siglo XIV. La capilla de la Virgen del Carmen está presidida por una talla de madera policromada de la susodicha, realizada en el siglo XVIII. La siguiente capilla es la del Nombre de Jesús, con un retablo de piedra y mortero del siglo XIX. También encontraremos en ella una talla de San Marzal realizada por Josep Llimona. Del mismo siglo data la imagen, obra de Salvador Torres, que preside la capilla de la Inmaculada Concepción. Las últimas capillas son la de San José y la de San Juan Bautista, ubicada en el lugar del antiguo altar mayor.
Acabada la visita al templo parroquial, solo nos queda seguir las vías del tranvía para llegar de nuevo a la estación de trenes de Sóller, donde habíamos empezado este paseo por las calles de la villa..
El mejor día para hacer este itinerario es el sábado, puesto que este día el mercado se extiende más allá del edificio y los vendedores se diseminan por las calles próximas.
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3. SÓLLER II (Ses Escolàpies, la Sang y las posadas)
Este segundo itinerario por la villa de Sóller nos quiere mostrar la parte oriental de la ciudad. Situamos también el inicio en la estación de trenes donde cruzamos la plaza Espanya, presidida por el monumento a las víctimas de la Guerra Civil Española (1940). En el nº. 14 de esta plaza nos fijamos en uno de los muchos detalles que custodia la arquitectura de Sóller. Una de las capillitas del Via crucis que antiguamente comunicaban la iglesia de San Bartolomé con el convento franciscano de Jesús. Delante de nosotros se alza en todo su esplendor el campanario de la iglesia, de cinco pisos y rematado por una cúpula piramidal neogótica. El capital aportado por los emigrantes de Sóller sería decisivo par la finalización de esta pieza en torno a 1900. Al lado del camposanto y del campanario, seguimos primero por la calle Santa Bárbara y después por Joan Baptista Ensenyat. Hemos dado la vuelta a la iglesia por detrás siguiendo el itinerario del Via crucis, del que hemos visto hasta tres capillitas más y hemos llegado ya a la plaza, precioso espacio que concentra buena parte de la vida social del pueblo. En el centro de la plaza hay otros dos elementos interesantes. El primero es el surtidor mandado construir por el obispo de Sóller Bernat Nadal en 1815 y el otro es la fuente que, como tantas otras en la villa, constantemente proporciona agua al visitante. Ante la capilla nº.1 se alza, imponente, el Banco de Sóller, edificio modernista en el que colaboró Joan Rubió. El edificio fue inaugurado en el año 1912, aunque el banco había sido fundado en 1889 con el capital de los emigrantes retornados. De la fachada del edificio destaca la doble balconada rematada por la inscripción BANCO SOLLER y el león y el sol que definen el escudo de la ciudad. También hay que reparar en los forjados de las ventanas, que presentan un altísimo grado de elaboración.
Continuamos ahora por la calle Bonany hasta encontrar la calle Metge Mayol y echamos una ojeada al nº. 2, donde se esconde una capillita que alberga una imagen de San Sebastián fechada en el siglo XIX. Es preciso recordar que se consideraba a San Sebastián como el abogado contra la peste. Volvemos a la calle Bonany, que ahora pasa a llamarse Sant Bartomeu y levantamos la vista ante el nº. 7. Es la casa de Cas Boter, que presenta una interesante muestra de tejas pintadas en el voladizo de la fachada. Entre los motivos variados que podremos diferenciar, nos sorprenderá la inscripción ALS 251797 A.S, que nos da una idea de la antigüedad del tejado, y otros motivos vegetales. Un poco más adelante, a nuestra derecha, se encuentra una de las posadas que localizaremos a lo largo de este itinerario. Las propiedades más importantes del valle tenían posada en la villa, que les servía como residencia y como símbolo de poder y opulencia. En el nº. 24 se encuentra la posada de Cas Xorc, reconocible por su portal medieval con el arco de medio punto adovelado. Dejamos atrás algunos portales de medio punto de piedra y echamos una ojeada a la calle Sant Joan, que aún conserva el empedrado. Al encontrarse con la calle Batac, la calle Sant Bartomeu pasa a llamarse Bisbe Mateu Colom.
A nuestra izquierda se alza uno de los edificios más singulares de la ruta, la capilla de Ses Escolàpies. Se trata de lo que fue el antiguo convento de la comunidad Mares Escolàpies. Dentro de las paredes del edificio tienen cabida hoy en día la Biblioteca Municipal y el Hogar de Ancianos. De las dependencias que se conservan del antiguo edificio destaca el portal principal del convento y la capilla, donde actualmente se llevan a cabo actos culturales. La capilla, diseñada por Bartomeu Ferrà, responde al estilo neogótico y presenta una planta rectangular dividida por tres arcos ojivales. Destaca el retablo de madera, también neogótico, que está presidido por la Virgen Santísima y a la que flanquean San José Obrero y San José de Calasanz. Continuamos la marcha por la calle Bisme Colom (quien fue obispo de Huesca) hasta girar a la izquierda por la calle que honra el nombre de unos de los historiadores locales más significativos, Josep Rullan i Mir. Sin embargo, antes disfrutaremos de las tapias de Can Cambuix, que delimitan el jardín posterior de las casas. Por la calle Rullan i Mir llegamos a la calle Lluna, una de las más notables y antiguas de Sóller, y giramos a la izquierda. La próxima meta, después dedejar atrás la fachada de Can Cambuix (nº. 128), es Can Prunera (nº. 90), que pasa por ser una de las mejores fachadas de cariz modernista de la ciudad. Construida entre los años 1909 y 1911, es una excelente combinación de elementos de piedra, hierro e incluso de madera. En este edificio destaca la puerta del casal, así como la amplia muestra que conserva de mobiliario modernista. Siguiendo por la calle Lluna, se suceden elementos interesantes. Dos casas de estilo regionalista Can Massana y Can Moana (nº. 71 y 69) nos sitúan ante la capilla del Santo Cristo, que evoca un misterio que tuvo lugar en el siglo XVI según el cual el Santo Cristo sudó sangre.
Dejamos atrás otra de las fuentes públicas de la villa y llegamos a la casa de la Lluna (nº. 50). Pese a la antigüedad de la casa, que data del siglo XV, parece ser que el nombre de la calle es muy anterior. De la Fachada destaca el portal adovelado, la ventana del primer piso y el medio relieve de una luna de marés muy curiosa. Giramos ahora por la calle Hospici, que se nos presenta como una emocionante calle medieval bien empedrada que surge a nuestra derecha. Esta calle está repleta de edificios interesantes como la residencia de Nuestra Señora de la Victoria, la iglesia de la Sangre del Hospital y la posada de Moncaire. La residencia de Nuestra Señora de la Victoria ocupa el solar del antiguo Hospital de Pobres (1234), en la parte derecha de la calle. Pegada a la residencia encontramos la iglesia de la Sangre del Hospital. El edificio original fue construido para conmemorar la victoria contra los turcos en el siglo XVI. En el siglo XIX, el edificio fue reconstruido, siendo dotado de un cariz neoclásico. Del interior del templo mencionaremos la planta rectangular, la bóveda de cañón del techo y la talla de la Sangre de Jesucristo del siglo XVI, que se aloja en el retablo de la capilla mayor. El templo no dispone de capillas, sino que contiene hornacinas en las paredes, con las imágenes de San Antonio de Padua, Nuestra Señora de la Victoria y Santa Rita de Cassia. Al otro lado de la calle, frente a la residencia, nos espera otro sorprendente edificio, la posada de Montcaire, en el número 7. El casal data de finales del siglo XVIII, cuando el barroco cedía terreno al estilo neoclásico. Observaremos el magnífico portal de medio punto y, más arriba, un buen ejemplo de tejas pintadas bien conservadas, con abundantes motivos florales. Muy próxima a esta casa, casi enfrente, se encuentra otra de las posadas más representativas de la villa, la posada de Bálitx, ubicada ya en la calle del mismo nombre (nº. 7). Esta posada, más antigua que la anterior, se enmarca dentro del más puro estilo barroco del siglo XVII.
A través de la calle Bàlitx llegamos a la calle Victòria de l’Onze de Maig, que a la izquierda nos llevará de nuevo a la calle Lluna. Pocos metros antes de llegar a la plaza, la calle Lluna nos reserva aún otra sorpresa, la posada Can Prohom (nº. 16), casal que fue levantado en 1758. Nos tenemos que fijar en el voladizo de madera y observar el patio interior.
Así llegaremos a la plaza Constitució, donde acabaremos este paseo por las iglesias y posadas de Sóller.
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4. BINIARAIX
Si venimos de Sóller, poco antes de entrar a Biniaraix, reconstruido en el año 1886 después de que una gran crecida se lo llevase. Ahora el camino se empina y sube junto al torrente, entre el perfume de los naranjos y los limoneros y teniendo como marco las cimas de S’Arrom, Es Cornadors y el Puig de l’Ofre, hasta llegar a la aldea de Biniaraix. Poco antes de entrar, en una doble curva del camino, enfilamos por la calle Sant Guillem la empinada escalinata de piedra que surge a mano izquierda, y nos detendremos un momento para admirar el paisaje a la sombra de los almezos, tal y como lo hizo el pintor argentino Francisco Bernareggi (1878-1959) durante los años que vivió en la casita que se alza contigua (Es Pujador). En lo más alto de las escaleras hay una plazoleta con una fuente de piedra adosada al muro de la terraza y casa donde vivió el pintor Juli Ramis. Tras saciar la sed y dejar a la izquierda la recientemente empedrada calle Sant Salvador, continuaremos subiendo entre casas encumbradas en las rocas, farolas, depósitos de agua y… la piedra, siembre la piedra como elemento decorativo. En Biniaraix parece que el tiempo no pasa; la soledad, el silencio y la tranquilidad son una constante en esta aldea de origen medieval que parece sacada de un cuento de hadas. Acto seguido viene Ca Ses Monges (Sant Guillem, 9), el edificio que fue convento y escuela de párvulos y de niñas, regentado por las hermanas de la Caridad. La casa de al lado el Ca s’Angel (Sant Guillem, 7), donde un ventanuco dividido con arcos apuntados nos indica el lugar donde estaba la capilla del convento. Más adelante se encuentra Can Beia (Sant Guillem, 12), de muros rústicos y con una portada de medio punto muy notable. A Continuación encontramos el centro cultural, donde una lápida recuerda al maestro Miquel Bisbal y el lugar donde estuvo situada la escuela pública de niños (Sant Guillem, 1).
Casi sin percatarnos, habremos llegado a la plaza Concepció. Parece que la plaza y las casas que dan a ella, Can Ribera y Can Det, constituían la antigua alquería musulmana de Biniaraix, adjudicada al caballero Guillem de Torrella por su tío, el obispo de Girona, después de la conquista de Mallorca por el rey Jaime I. Can Det tiene el acceso principal en el número 2 de la calle Sant Guillem. Es una bella portada de arco de medio punto encuadrado, de piedra de Muleta y dovelas largas y muy estrechas, puerta de morera y clavos de hierro dulce. La parte que da a la plaza es la antigua almazara. La fachada principal de Can Ribera da a la calle Trinitat (nº. 27) y lo más destacable es la portada de arco de medio punto y los sillares que conectan estructuralmente con la ventana superior adintelada. El paramento es de piedra, con las juntas enlucidas e incrustaciones de piedrecitas. A juzgar porla inscripción del voladizo, el edificio actual fue construido en el año 1580. En un regular estado de conservación, la construcción muestra un voladizo constituido por tres hileras de bocatejas, todas decoradas, y otra de tejas planas sin decorar. Es muy interesante observar la variada decoración que presenta motivos vegetales, geométricos, antropomórficos, astrales y religiosos, además de la representación de algunas herramientas de trabajo, todo ello impreso en blanco y rojo.
Se supone que la iglesia de la Inmaculada Concepción de Biniaraixcomenzó a construirse en el año 1587 por iniciativa de los habitantes de la aldea, pero no se concluyó hasta 1634, cuando el visitador episcopal ordenó que se le añadiese una sacristía y se pintase el retablo. La iglesia fue desamortizada en el siglo XIX y posteriormente rehabilitada y dotada de un nuevo retablo, que es el que hay hoy en día. Fue vicaria in capite desde 1937 hasta 1989. Esta iglesia prácticamente no dispone de fachada, porque se encuentra emplazada en la parte posterior de las casas. Únicamente es visible la portada principal al final de una escalinata de piedra que tiene un sencillo pasamanos de hierro y está constituida por un doble arco de medio punto sobre el cual se abre una ventana cuadrada. A la izquierda del portal principal se alza el campanario del siglo XIX, que alcanza una altura de diecinueve metros. Está formado por cuatro cuerpos encalados de planta cuadrada y culmina en una pirámide cuadrangular cubierta con baldosines de cerámica de color blanco. En la pared sur hay un reloj de sol. La iglesia tiene una sola nave que ocupa 330 metros cuadrados de superficie y alcanza una altura de diez metros. El techo es de bóveda de cañón y está dividido en cinco tramos. A cada lado de la nave hay tres capillas de bóveda de arista que se abren bajo arcos de medio punto de piedra calcárea. En el primer tramo se encuentra el coro, sostenido por tres arcos rebajados con columnas troncocónicas de capital simple de piedra de Santanyí, con una barandilla de hierro y pilares de madera (s. XIX). Las capillas se ubican a partir del portal de entrada, avanzando siempre hacia la derecha.
Al templo se entra por la primera capilla de la derecha. A continuación encontramos la capilla del Corazón de Jesús y, después, la del Santo Cristo. Las paredes de esta última capilla y las del Bautismo están parcialmente embaldosadas con cerámica azul. En el lugar destinado al retablo hay una estatua del Santo Cristo en pasta de Olot. Encontramos ahora la sacristía, con techumbre de bóveda de arista, que alberga una pinturadel siglo XVIII que representa el purgatorio. La siguiente capilla es la mayor, presidida por el retablo de madera con la talla de la Inmaculada Concepción. En la capilla del Bautismo podemos observar la pila bautismal exenta, que fue donada por la marquesa de Zayas. Era el antiguo abrevadero de caballos de la finca de Can Ribera. La capilla de San Antonio de Viana, que está bajo la protección de la finca del Pla del Bisbe, dispone de un retablo de madera con la estatua del abad San Antonio. La última capilla es la de San Francisco, con un retablo barroco que procede de Lloret de Vistalegre y fue obsequiado por el patrón, el barón de Pinopar de la finca de Cas Don. La hornacina central está ocupada por la estatua de San Francisco, y son interesantes los pasos del Via crucis en bajorrelieve enmarcados en marcos de caoba que cuelgan de las pilastras, adquiridos a principios del siglo XX.
Al salir de la iglesia, seguiremos hacia la izquierda por la calle Sant Josep hasta llegar a Cas Don (Sant Josep, 10). Es un casal del siglo XVII, con una sobria portada que se abre bajo un arco de medio punto culminado por el escudo heráldico de los barones de Pinopar. La fachada es toda de piedra y tiene las juntas enlucidas e incrustadas de piedrecitas. Es preciso fijarse en las ventanas macizas y, sobre todo, en los alféizares bocelados. Después del portal principal aparece un gran patio empedrado alrededor del cual se distribuyen las dependencias de la casa. Observamos los utensilios de campo del cancel y el elegante arco escarzano que da paso al patio. En la fachada lateral, bajo unos soportales volados, se ubicaba el agujero por donde se descargaban las olivas para ser molidas en la almazara. En la curva del camino encontramos unos lavaderos públicos que aún se usan y que probablemente fueron construidos en el siglo XVIII aprovechando el agua de una fuente que mana muy cerca. Es interesante observar la estructuración de los lavaderos y el procedimiento de construcción del tejado, así como el sistema de conducción del agua. En el jardincillo adosado a la estructura se ubica un pequeño monumento (1995) de homenaje a los scouts de Sóller.
Volvemos a pasar por la calle Sant Josep y continuamos bajando por la calle Trinitat, donde se encuentra otra casa con el voladizo decorado: Can Rei (nº. 32). A derecha e izquierda se nos aparecen rincones interesantes, con el del nº. 12, o la plazoleta ajardinada de nuestra derecha, accesible por una escalera de piedra.
Unos metros más abajo descubrimos una lápida en memoria del pintor Bernareggi. Así llegamos a la entrada del pueblo, donde coincidimos de nuevo con la calle Sant Guillem.
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5. S’ALQUERIA DES COMTE
Para visitar la aldea de S’Alqueria des Comte dejamos atrás Sóller por la calle Lluna. Esta misma calle se convierte en la calle de S’Alqueria des Comte, donde se concentran todos los puntos de interés de esta ruta, que además nos puede servir para comunicar Sóller con Biniaraix. En el nº. 18 de la calle encontramos Can Pepo-rosso, edificio modernista caracterizado por la utilización de piedras con tonalidades rosadas en los umbrales. Más arriba, en el nº. 51 localizamos el casal del molino de Can Negre, con su impresionante portal. La próxima meta es el cruce de los caminos de Fornalutx y de Biniaraix, donde se encuentra el puente y también la cruz de S’Alqueria des Comte, erigida en el año 1886 por suscripción popular para sustituir a la que se veneraba en una capilla construida unos metros más abajo (1606) que había sido destruida el año anterior por una crecida del torrente. La cruz es de piedra arenisca y está situada sobre un basamento, protegida por unas verjas de hierro. El fuste es octogonal y tiene una macolla a modo de tambor que sostiene la cruz, con un Santo Cristo en relieve por una cara y ornamentos florales en los extremos de los brazos. Junto a la cruz se encuentra Ca na Lluïsa (Ozones, 1), que es uno de los edificios más típicos del estilo modernista de Sóller, afeado notablemente por las reformas posteriores. Continuando el trayecto hacia Biniaraix encontramos Ca n’Ozones (Ozones, 8), un casal construido en el año 1791 y agrandado posteriormente, de sobria fachada simétrica, con una portada de medio punto, una balconada sostenida por siete ménsulas lisas y una sencilla barandilla de hierro. Al otro lado de la calle surge un tramo de la acequia de la fuente de S’Ullet, que nace un centenar de metros más arriba y que probablemente fue canalizada en tiempos de la dominación musulmana. Poco después acabamos el itinerario en la iglesia de S’Alqueria des Comte (Ozones, 26), que es un antiguo oratorio construido y dotado en virtud del testamento otorgado a Roma por mosén Lluc Colom “Calobra” el 19 de septiembre de 1677. En el año 1694 la iglesia ya estaba acabada y era administrada por dos mayordomos nombrados por el Ayuntamiento, que se encargaban de la limpieza y el culto. En el año 1920, el obispo encomendó el oratorio a la Congregación de San Felipe Neri. Los frailes de la orden adquirieron muy pronto la casa y el solar contiguos para añadir una capilla a la iglesia, instalar allí el convento y abrir una escuela para niños que ha funcionado hasta hace varias décadas. La iglesia es una sólida construcción de piedra y mortero con las cantoneras picadas, que resulta bella por su robusta simplicidad. La fachada es lisa, con las juntas resaltadas e incrustadas con piedrecitas a modo de ornamentación. Sobre un majestuoso portal de medio punto de grandes dovelas se encuentra una claraboya circular con un vitral policromado que representa una cruz. En el frontispicio anterior se alza una pequeña cruz de piedra, y en el posterior, la espadaña del campanario. El portal principal está protegido por un soportal volado de madera y teja. Podemos entrar por dos puertas: la principal, que da a la calle Ozones, y la lateral, que tiene el acceso por el número 1 de la calle Empúries. El templo es de una sola nave rectangular que ocupa una superficie de setenta y un metros cuadrados y tiene una altura de casi ocho metros. El techo es de bóveda de cañón y está dividido en dos tramos por un arco fajón poco resaltado que descansa sobre pilastras lisas. Sobre las pilastras, en las paredes de la nave, hay un entablamento clásico muy sencillo. El presbiterio es más estrecho que la nave, tiene la planta trapezoidal y una bóveda abocinada pintada de color celeste con estrellas en relieve.
En la pared de la derecha se abren dos grandes hornacinas encastradas en la pared bajo arcos de medio punto resaltados. Dentro de la primera se encuentra la estatua de San Agustín vestido de pontífice, con el báculo y un libro abierto en la mano derecha. Dentro de la segunda, la estatua del Corazón de Jesús. En la pilastra que sustenta el arco, bajo un doselete, resalta la estatua de la Virgen Milagrosa sostenida por una ménsula con un ángel en relieve. La capilla mayor está dedicada a la Inmaculada Concepción. El retabloes de madera y está presidido por una gran pintura que la tradición supone importada de Roma. Representa a la Inmaculada Concepción rodeada de ángeles, con las imágenes de San Lucas y del fundador en actitud de súplica a sus pies. El cuerpo superior está ocupado por una pintura de San Bartolomé rematada por el escudo heráldico de los Colom. Un basamento estucado sostiene el sagrario (1907), culminado por el cordero pascual sobre un fondo de rayos. El altar es de mármol gris y está sostenido por cinco columnas jaspeadas en rojo. En la pared derecha de la capilla hay una pintura de la Pasión y en la izquierda otra de la Virgen Dolorosa (s. XVIII). En la pared izquierda de la iglesia y en el primer tramo, bajo un arco de medio punto, se abre la capilla de San Felipe Neri, de planta cuadrada y con bóveda de arista (1935). Preside el retablo y el altar de madera la talla policromada de San Felipe Neri con el hábito sacerdotal, representado en éxtasis sobre una nube. La imagen está colocada dentro de una hornacina con concha, a cuyos lados hay dos columnas salomónicas con capitel corintio y un estípite sobre un plinto, encima de los cuales hay un entablamento con conchas y grutescos en relieve en el friso. Culmina el retablo una pintura del busto de Sant Felipe Neri con sotana, barba blanca y un rosario en las manos. En la pared derecha de la capilla hay otro altar de madera con un retablo que representa la escena de la aparición de la Virgen de Lourdes a Bernardette. Encuadra la hornacina un arco de medio punto sostenido por dos columnas embutidas y parcialmente estriadas. A ambos lados del retablo hay dos estatuas sobre sendas ménsulas: la de Santa Teresa de Lisieux, con una cruz y un ramo de rosas en las manos, y la de San Antonio de Padua, con el niño Jesús en brazos. En la pilastra de la izquierda de la nave, bajo un doselete, se encuentra la estatua de Santa Teresa de Jesús con el hábito carmelitano y una pluma y un libro abierto en las manos. La hornacina que viene a continuación aloja la estatua de san José, con un bastón y el niño Jesús en el brazo izquierdo.
Saliendo de la iglesia, al otro lado de la calle (Ozones, 23), encontramos una casa de estilo modernista popular, con ornamentación floral incisa y la piedra clave de los dinteles en bajorrelieve.
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